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Desde
los 20 años he tenido problemas de espalda, sobre todo en zonas
cervical y sacra, pero dado que mi madre y mi hermano también los
padecían, en un principio no le di más importancia, considerándolo
algo propio de mi constitución física.
Con
el tiempo las tensiones en el cuello me produjeron frecuentes dolores de
cabeza, lo que me llevó a visitar al traumatólogo que me diagnosticó
pinzamientos en algunas de las vértebras cervicales, así como una
cierta rotación en la zona pélvica que podría ser causa de las
molestias en la zona sacra. Después de estudiar mi caso me aconsejó la
necesidad de nadar y hacer algún otro ejercicio para fortalecer
muscularmente dichas zonas.
Dado que por aquel entonces yo estaba preparando la tesis
doctoral y no tenía mucho tiempo de ir a nadar, decidí visitar a un
quiropráctico de gran prestigio en Madrid, para tratarme el problema. Yo
tenía entonces 23 años.
Después de estudiar mi radiografía y hacerme un
reconocimiento, detectó el mismo problema que había visto el
traumatólogo con antelación . Así que actuó sobre cuello y sacro,
además de tratar algunas vértebras dorsales.
Durante casi 15 años he visitado a éste quiropráctico
con regularidad y al menos los dolores de cabeza han desaparecido
completamente, permaneciendo los dolores más mitigados en la zona
sacra. Posteriormente
conocí a varios fisioterapeutas y osteópatas que me aconsejaron
utilizar otras técnicas menos agresivas que la quiropraxia y así hice.
Cambié el quiropráctico por un osteópata.
Posteriormente,
a consecuencia de una mudanza realizada en abril del 98, el dolor en la
zona sacra fue tan fuerte que decidí visitar al quiropráctico, a pesar
de que hacía años que no le visitaba y además tuve el tratamiento del
osteópata habitual. Después de estos tratamientos el dolor persistió
a tal punto que me tuve que meter en la cama porque el dolor en la zona
era insoportable y sólo tumbada podía soportarlo.
En
esta situación llegó a mis manos el
Acupresor,
a través de nuestro amigo Mario. Le conté dónde tenía el dolor y él
directamente me trató con la "aguja". Al comenzar el tratamiento, el dolor
era absolutamente insoportable y pensaba que se debía a que la aguja
estaba penetrando en la piel, ya que el dolor que sentía al poner la
aguja en ciertos puntos era como si me estuvieran clavando un estilete.
Después de asegurarme y comprobar por mí misma que el
Acupresor
carecía de punta, comprendí que el dolor no procedía de la propia
"aguja". Al continuar Mario tratando la zona sacra en diferentes puntos,
el dolor se fue mitigando. Él me explicó que según su parecer lo que
me ocurría era que tenía en dicha zona la energía estancada,
produciendo con ello el dolor tan agudo. Después del tratamiento
durante unos 20 ó 30 minutos, me pude levantar de la cama. La
sensación era de tener la zona sacra anestesiada. Mario, me comentó que
debería seguir tratándome de un modo frecuente (todos los días) la
parte afectada, hasta que el dolor desapareciera.
Y
así fue. Durante varios días, siguiendo sus instrucciones de manejo,
traté la zona afectada hasta que el dolor remitió completamente.
Posteriormente pude hacer una vida normal e incluso pude montar a
caballo, cosa que me había sido absolutamente prohibida por todos los
médicos y terapeutas que hasta entonces me habían tratado. Aún así
probé y no tuve problemas serios mas que leves molestias que, fueron
desapareciendo con el uso frecuente del
Acupresor.
Actualidad
Desde
hace cuatro años utilizo el Acupresor de forma regular . Hoy día me lo puedo colocar yo misma
en las diferentes partes del cuerpo que así lo requieren. En mi caso,
actúa de una forma clara como relajante muscular de la zona dolorida.
Lo he utilizado fundamentalmente en la zona sacra, pero también lo
utilizo para descongestionar otras zonas del cuerpo donde la energía,
digamos negativa, se acumula.
Desde hace unos 5 años, en los meses de enero y febrero,
padezco una rinitis alérgica que a veces se agrava convirtiéndose en
sinusitis. En estos casos he usado el Acupresor para despejar los senos frontales, así como la propia
nariz y quitar tensiones en la zona ocular, siguiendo a veces los puntos
señalados por la acupuntura, y otras mi propia intuición.
Experiencias
con el Acupresor:
Al
colocar el Acupresor , el dolor al principio suele ser muy fuerte, por
lo que lo coloco unos pocos segundos y después lo retiro, hasta que el
dolor va cediendo y permite colocar la aguja en dicho punto durante más
tiempo. Después, doy pequeños giros en el punto tratado y por último
masajeo con la mano utilizando algún aceite de masaje.
Dada mi formación profesional estoy muy interesada en
profundizar en el proceso que ocurre al colocar de forma vertical el
Acupresor en el punto adecuado. De forma subjetiva siento cómo “algo”
se mueve al colocar la aguja en esta posición. Cuando se coloca
reiteradamente en el mismo punto, el dolor va cediendo y esa especie de
movimiento también cesa, quedando la zona relajada y sin dolor.
El tratamiento no lo hago a diario, salvo en épocas,
como las de la alergia, donde sí trato muy frecuentemente diferentes
zonas de la cara, así como un punto especial en la zona dorsal que
corresponde, según la medicina china, al punto de las alergias. Éste
suele ser muy doloroso por lo que actúo de la forma señalada al
principio. Mamen |
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