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Ambos son (entre otros) los establecidos en el cuerpo humano para poner en contacto el exterior con el interior ( órganos, cerebro y Consciencia). Hay un camino eferente (hacia fuera) y otro aferente (hacia dentro) en todo el cuerpo. Un camino desde el centro a la periferia y viceversa. A través del sistema nervioso periférico podemos intervenir en el sistema nervioso central y conseguir la coordinación y regulación de las funciones del conjunto mediante una reacción global del organismo. Sabemos que un nervio inerva y une distintos órganos y partes del cuerpo, ya sean estas internas, externas o ambas. De ahí, que cuando se realiza un masaje o tratamiento en alguna parte externa del cuerpo, este tiene una reacción refleja benéfica sobre los órganos internos que están relacionados con esa parte cutánea y muscular externa. Asimismo, cuando un órgano interno tiene una alteración (esta puede derivar con el tiempo en patología) aparecen zonas, puntos o nudos dolorosos en la superficie, o sea, en la piel, en la cual se detectan dolores al ejercer sobre ellos, una presión. Basado en este principio de terapia Zonal o Refleja es donde ejerce su influencia física el Acupresor, el Acucepillo y la Acuplantilla. La manipulación y tratamiento de estas zonas externas nos lleva a conseguir mitigar el dolor, y cuando este desaparece totalmente, es cuando observamos que la parte interna se regenera o recupera al mismo tiempo. También vemos la importancia que tiene este empezar a disminuir el dolor en su vertiente psicológica, pues la persona empieza a tener confianza en el método empleado; todo ello contribuye a que la persona entre en un proceso de mejora.
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